La Administración Pública como Ciencia.
INTRODUCCIÓN
El presente escrito tiene el objetivo de identificar los principales planteamientos y perspectivas que justifican a la Administración Pública como una ciencia social.
Se inicia con un contexto histórico del origen de la Administración Pública como ciencia social, desde la filosofía griega, el comienzo de su reconocimiento como parte de una función particular del Estado en el siglo XVII, hasta su primera conceptualización científica realizada por Bonnin en el siglo XIX, esto para identificar algunos planteamientos de la Administración Pública como una ciencia dejando claro su relación con otras ciencias sociales.
Por último, se da una conclusión respecto a los principales planteamientos sobre las perspectivas de la Administración Pública como una ciencia social.
DESARROLLO
La Administración Pública tiene una relación y complementación estrecha con otras ciencias sociales, ya que finalmente todas pretenden el mismo objetivo, el desarrollo, así como el bienestar de la sociedad.
Sin embargo, la Administración Pública a diferencia de otras disciplinas científicas ha tenido un camino complicado para su identificación como ciencia, lo que, para Guerrero, O. (2009) se convierte en su principal problema epistemológico, la autoconciencia de la Administración Pública como una ciencia con un rigor metodológico, teórico y conceptual propios.
Lo anterior tiene una explicación histórica que parte desde la identificación de su objeto de estudio, el Estado y su administración. En este sentido “La administración tiene sus principios en el siglo XVI, época en la cual muchos intelectuales se dieron a la tarea de pensar la manera en cómo debían ser creados y administrados los recursos y las riquezas” (Zorrilla, P., 2016, p. 3).
Es por ello que el concepto de lo administrativo hasta el siglo XVII era fácilmente confundido con otras actividades estatales, como la economía, las finanzas e incluso la impartición de justicia. Fue hasta el siglo XVIII con la concreción del Estado Moderno originado por el declive de los Estados Absolutistas europeos, que la Administración Pública fue adquiriendo relevancia como una disciplina capaz de estudiarse, investigarse y por ende teorizarse de manera científica.
En este sentido, “El reconocimiento de la administración [pública] se dio tras un largo proceso, en el cual en un principio los individuos no tenían el valor de reclamar sus derechos a los gobiernos o naciones ya que estos no estaban establecidos de manera apropiada” (Zorrilla, P., 2016, p. 6).
Por otro lado, aunque su origen conceptual puede encontrarse en el pensamiento griego clásico, con autores como Aristóteles y Platón, fue Carlos Juan Bonnin a comienzos del siglo XIX quien conceptualiza a la Administración Pública de manera científica, identificando los siguientes principios:
- Que la administración nació con la asociación o comunidad.
- Que la conservación de ésta es el principio de la administración.
- Que la administración es el gobierno de la comunidad.
- Que la acción social es su carácter, y su atribución la ejecución de leyes de interés general. (INAP, s.f, p. 8).
De tal manera que la ciencia de la administración queda ligada al concepto de Estado Moderno, ya que si bien el Estado es quien busca el bienestar general de la sociedad, es la administración pública el principal vinculo que tiene con la sociedad para materializar sus objetivos.
Como menciona Zorrilla, P. (2016), “Estudiar a la administración como ciencia tiene dos principales objetivos, el primero determinar cuáles son las actividades y acciones del gobierno y el segundo definir como estas se pueden llevar a cabo de manera conveniente” (p. 7); Por lo tanto, el objeto de estudio de la Administración Pública será siempre el Estado y todo lo que ello engloba, aunque como menciona Guerrero, O. (2009) desde un ángulo especialmente administrativo, teniendo como principal destinatario la sociedad en general para procurar su bienestar.
No obstante, como en todas las ciencias sociales existen una serie de instrumentos, técnicas y enfoques que es necesario aplicar y adaptar según los objetivos específicos que pretenda el investigador o analista administrativo, aunado a lo anterior, “destaca el importante papel de las ciencias sociales en general y de la Administración Pública en especial, para atender las necesidades del desarrollo del mundo en el momento actual” (INAP, s.f. p. 33), un contexto de globalización que podemos identificar recientemente, en términos de una sociedad de la información y el conocimiento.
CONCLUSIONES
Para concluir, cabe destacar que la dificultad del reconocimiento de la Administración Pública como una ciencia social no viene de una falta de razones para justificar su existencia, ya que mientras haya Estado debe haber administración, sino más bien porque desde su origen histórico se han retomado infinidad de conceptos, metodologías y teorías desde diferentes corrientes científico-sociales, sin embargo, considero que esto parte desde el mismo objeto de estudio de la Administración Pública, el Estado, ya que es un ente que debe estudiarse de manera multifacética para poder ser comprendido en su totalidad.
Por lo anterior, su objeto de estudio requiere en si de la inter o transdisciplinariedad con otras ciencias sociales (incluso de las ciencias exactas), es por ello que la Administración Pública puede ser considerada como ciencia social y por lo tanto debe adoptar un marco metodológico, teórico y conceptual más amplio, a riesgo de quedarse obsoleta, o solo capaz de estudiarse en la aplicación práctica de sus principios.
REFERENCIAS
- Guerrero, O. (2009). Reflexiones sobre la ciencia de la Administración Pública. Convergencia, Revista de Ciencias Sociales, vol. 16, 2009. Universidad Autónoma del Estado de México. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/105/10512244004.pdf
- INAP. (s.f). Texto Guía de la Materia MGP 301. «La Administración Pública y su Relación con otras Ciencias Sociales«.
- Zorrilla, P. (2016). Ensayo sobre la Administración Pública. Revista Electrónica del Centro de Estudios en Administración Pública de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, 22° NÚMERO Enero‐Abril 2016. Recuperado de: http://investigacion.politicas.unam.mx/encrucijadaCEAP/
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