“El que vive por lo mismo perecerá por lo mismo”
Baudrillard
Se sigue teniendo la idea añeja de que entre más entregado estés a la empresa, la oficina, al jale o incluso la escuela mejor persona eres, mejor trabajador, empleado o estudiante serás, sin embargo, ¿Qué sucedería si los méritos no necesariamente son lo que piensas?, hablemos de un problema que nos atañe en la actualidad, el mito del rendimiento y sus consecuencias.
Hablar del rendimiento sigue siendo un tabú para muchos, nos aferramos y mantenemos en la expectativa de que nuestro esfuerzo será siempre recompensado, quien no ha escuchado alguna vez alguna de estas típicas frases que justifican la explotación laboral y/o personal (Aunque muchas veces ya no existe diferencia): “ponte la camiseta”, “hazlo por el equipo”, “haz méritos” o incluso en la reflexión de cada uno a resonado alguna vez un “Tú puedes, valdrá la pena”.
Nadie más que tú mismo es quien resulta ser su propio esclavo, nos volvemos dependientes de la necesidad de mejorar, de emprender, de justificar nuestra existencia con base en el “éxito” que nos señalen los demás, déjame decirte que la vara siempre será más y más alta, por mucho que veas el perfil del hombre o la mujer que para ti son exitosos, nadie más que tu será quien tenga en la mano la regla que mide aquel supuesto objetivo a alcanzar.
En este sentido el rendimiento es confundido muchas veces con el mérito, base del paradigma de una sociedad meritocrática, en donde más méritos colecciones mayores recompensas mereces, pero ¿esto es realmente cierto?, entonces, el rendimiento se vuelve una moneda de cambio que tratamos de canjear por muchas cosas, un mejor puesto, un título académico, un noviazgo largo y duradero, dinero, o en casos extremos, también por la atención, el amor, y el respeto de nuestros semejantes.
El mito del rendimiento se vuelve nuestra propia condena, un esfuerzo constante a rendir más, ya que si me desvelo hoy podré obtener una mejor calificación, si me quedo tiempo extra en la empresa me notarán, si le dedico tiempo a X persona podré volverla mi pareja, entre otros de los tantos ejemplos que vivimos en nuestra vida diaria.
Hablar de esto no es fácil cuando dudar del esfuerzo invertido se vuelve incomodo, pero no hay mayor cura para dejar de explotarnos a nosotros mismos que la incomodidad, la constante duda, los invito a preguntarse en un espacio de suma tranquilidad intima: ¿Es realmente esto lo que quiero?, explotar al esclavo que me he vuelto de mí mismo, ¿Me hace feliz?
ESPERO LO HAYAS DISFRUTADO!
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